Lolita Cercel, una cantante virtual creada con inteligencia artificial, ha generado un amplio debate en Rumanía a poco más de un mes de su aparición pública, tras acumular millones de reproducciones y oyentes en diversas plataformas digitales.
El programador responsable del proyecto, identificado únicamente como Tom, afirmó que nunca intentó presentar a la artista virtual como una persona real. “Soy un autor sincero: nunca intenté, ni por un segundo, engañar a nadie para que pensara que Lolita era una persona real”, señaló, al explicar que su creación se construyó a partir de una narrativa artística.
A pesar de ello, la figura de Lolita Cercel ha provocado cuestionamientos sobre la ética en el arte digital y el impacto de la tecnología en la cultura contemporánea. Diversas voces han señalado a la artista virtual como impersonal, mientras que su creador sostiene que buscó dotarla de una “alma humana”.
Uno de los principales señalamientos se centra en la posible apropiación cultural. Alexandra Fin, activista por los derechos de la población romaní, expresó su inconformidad por el uso de elementos asociados a la cultura gitana en la imagen y música de la cantante virtual.
Fin destacó que tanto la apariencia de Lolita Cercel como las influencias musicales remiten a tradiciones romanís, balcánicas y orientales, además de que el apellido Cercel corresponde a una familia vinculada al género mánele, originado entre comunidades gitanas de los Balcanes.
En contraste, el sociólogo Gelu Duminica consideró que no se trata de apropiación cultural, al señalar que la música puede ser reinterpretada por distintos sectores. “No creo que ciertos géneros sólo puedan ser retomados por un grupo específico”, afirmó, al comparar el caso con otros géneros musicales de alcance global.











