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Praxis
13 de julio de 2026

Martha Berra
Este lunes cayeron los directores de Seguridad Pública de Chietla, Chila de las Flores y Tehuitzingo, acusados de abuso de autoridad y encubrimiento. La noticia debería sacudir a cualquiera que siga de cerca lo que ocurre en la mixteca poblana, pero honestamente sería ingenuo sorprenderse. Lo raro no es que hayan caído, lo raro es que no haya sido antes.
Basta repasar el expediente de la región para entender que estas detenciones no son un hecho aislado, sino la confirmación de un patrón que las propias autoridades estatales llevan meses documentando.
La mixteca poblana, una zona de 43 municipios, que según fuentes de la propia Secretaría de Seguridad Pública estatal citadas en un reportaje reciente, está bajo el dominio de al menos nueve bandas delictivas, incluido el Cártel Jalisco Nueva Generación, con actividades que van del secuestro y la extorsión al narcomenudeo, el robo a transporte de carga y el homicidio. Desde hace tiempo la región acumula ya más de cien asesinatos registrados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, y eso sin contar lo que nunca se denuncia por miedo a represalias.
Tehuitzingo es el ejemplo más brutal: la madrugada del 17 de mayo, siete integrantes de una misma familia y tres trabajadores fueron asesinados en Texcalapa. El gobierno estatal desplegó un operativo con helicóptero, vehículos blindados y decenas de policías estatales, que género el ruido suficiente para saber que hace mucho dejaron de ser “pueblitos tranquilos”.
En Chietla el patrón se repite con otro nombre: “Los Caica”, señalados como generadores de violencia con casas de seguridad operando en Atencingo, punto que las autoridades ya habían cateado meses atrás sin que la operación delictiva se desarticulara del todo. Y en Chila de las Flores, municipio pequeño y con escasa cobertura mediática, la ausencia de escrutinio público es exactamente el tipo de vacío que estas estructuras criminales buscan para operar sin ruido.
Que hoy se detenga a los tres directores de seguridad de estos municipios por encubrimiento es la confirmación de que, durante meses, la seguridad municipal de la mixteca no falló por incapacidad, sino porque estaba capturada desde adentro. Cuando el propio director de la policía es cómplice, cada patrullaje, cada “cero incidencia” reportada, cada operativo mediático se vuelve sospechoso.




