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Praxis
22 de febrero de 2026

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, marca un hito simbólico en la historia reciente del crimen organizado en México. No es un parteaguas para recuperar la paz, ni el inicio de algo diferente, pero si podría ser el antecedente.
Es la caída del narcotraficante más poderoso del mundo, considerado así por muchos investigadores del tema, incluso por el gobierno estadounidense, quien declaró que Nemesio era uno de los dos narcotraficantes más importantes para la producción y distribución de fentanilo en su país y en el mundo, probablemente la causa principal por la que decidieron abatirlo.
“El Mencho” fue fundador y líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), una de las organizaciones criminales más violentas y expansivas del hemisferio. Era uno de los criminales más buscados por México y Estados Unidos, con recompensas millonarias por su captura. Tan millonarias como su fortuna que calculan era de entre uno y cinco mil millones de dólares.
Aunque la muerte de este criminal importante permite celebrar un triunfo táctico, al mismo tiempo obliga a reconocer un fracaso estratégico, porque el narcotráfico en México no es solo un problema criminal, es un sistema económico ilegal integrado a dinámicas sociales, políticas y globales, hay que subrayarlo aunque nos incomode.
El narco no existe solo por criminales, existe por demanda internacional, economías locales sin alternativas, corrupción institucional y un gobierno dividido entre confrontación y contención, situación que nos guste reconocer o no, al gobierno de Donald Trump le bastó trece meses para sacudir, claro en coordinación con el gobierno mexicano que encabeza Claudia Sheinbaum, porque entre homólogos se entienden, sobretodo si se trata de la guerra contra el narco, eso es evidente.
Hay que dimensionar que no murió un narco cualquiera, sino el jefe de la plataforma multinacional del crimen organizado mejor estructurada del planeta. En México tenía presencia en todo el territorio, ni se diga en Estados Unidos, esto solo por mencionar parte del continente americano.
Pero su presencia también estaba por Europa en Alemania, Países Bajos e Italia; Asia con China, Filipinas y Australia y también África Occidental en Nigeria y Ghana, todo esto de acuerdo a los mapeos de seguridad de las distintas corporaciones que lo traían en la mira.
Pocos capos mexicanos lograron esa red con control directo, ni siquiera Joaquín “El Chapo” Guzmán tuvo un despliegue interno tan sofisticado como el de Nemesio Oseguera, quien le apostó a la tecnología y a la introducción de drogas sintéticas, considerado por muchos su gran acierto para volverse rico, poderoso y reconocido.
Fue el primer capo mexicano tratado como enemigo estratégico global.
Y aunque para muchos su caída represente el fin del narcotráfico, para otros es solo el inicio de una fase menos visible pero más peligrosa.
El tiempo lo dirá…




